Modelismo veloz - Yamaha 250 de Garriga - 1990

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Era un lunes allá por la primavera del 90, recibí una llamada en el trabajo; era mi amigo José Luis, el dependiente de Model Reyna. Me decía si me interesaba realizar un encargo modelístico, así que a última hora de la tarde, al salir del curro, me pasé por la tienda para ver de qué iba el asunto.
Se trataba de una agencia de publicidad que llevaba la cuenta del lanzamiento de Ducados Rubio y tenía que presentarle a su cliente una maqueta de cómo quedaría la decoración de la moto de Garriga con la nueva marca.
La moto en cuestión era una Yamaha de 250, y en aquellos momentos no existía ninguna maqueta de ese modelo, así que había que partir de una de Tamiya de la Yamaha FZR750R de calle.
Había que eliminar la instalación de iluminación, añadir aletines al guardabarros, modificar un poco algunas tomas de aire en el carenado y retocar el colín. Además, por supuesto, me tenía que buscar la vida para la decoración. En realidad había que hacer más cosas (dos tubos de escape, por ejemplo) pero acordamos que se podía prescindir de alguno de esos detalles, mientras diera el aspecto que se pretendía. Todo esto tenía que estar listo el jueves siguiente a las nueve de la mañana.
Después de hacer una evaluación preliminar, acepté el reto. De camino para casa, en el metro, fuí evaluando y planificando la metodología de trabajo. En cuanto llegué me puse manos a la obra con el primer paso: acometer las modificaciones de montaje. Rellené el hueco del faro, primero con cachos de plástico a mogollón y rematando con masilla de dos componentes. Luego empecé las modificaciones del guardabarros y las tomas de aire; y por último hice los retoques del colín. Con todo esto me dieron las 12 de la noche, así que paré un rato para tomar un bocado y después seguí avanzando todo lo que puede el montaje del bastidor. Me fuí a la cama pasadas las 3 de la mañana, puesto que tenía que levantarme a las siete para irme al trabajo. Por cierto, que mi trabajo habitual era en un estudio de diseño gráfico, gracias a lo cual tenía los conocimientos necesarios para preparar la decoración. Los medios no, porque por aquella época estaba en muy malas relaciones con la dirección, y no era cosa de andarse con trabajillos particulares en el trabajo. Como tenía dos horas para comer, me fuí a mi lugar de trabajo anterior, donde me facilitaron los medios para poder hacer transferibles (tipo letraset) de los rótulos de las marcas.
En la muy tarde-noche del martes, de vuelta a casa, rematé las modificaciones y di la mano de color 'Blanco Nieve' de Valentine después de cenar. Para acelerar el secado y endurecerla, le añadí catalizador a la pintura (ojo, sólo sirve con esmaltes). Seguí avanzando el montaje del bastidor y le pinté algunas partes. Con todo esto, me dieron las dos y pico y me fuí al sobre.
Y a la tarde siguiente, la del miércoles, caña a tope. Lo primero, enmascarar para dar el color amarillo de fondo del número (Humbrol 69) y el rojo (Humbrol 19), ambos con catalizador también. Mientras el amarillo va secando al tacto, voy avanzando el montaje y pintura del bastidor. Me permito una frugal cena.
Después, reservar con cuidado el amarillo y pintar el rojo. Sigo con el bastidor.
A eso de las dos de la madrugada, enmascaro y pinto el 6 negro. Remato por fin el montaje y pintura del bastidor, listo para recibir los demás elementos.
Le pongo los transferibles de la decoración y me dispongo a barnizar todo el conjunto, para unificar el mate de estos últimos. Son más de las cinco de la madrugada.
Empiezo a barnizar con laca de Marabú, con una pizca de catalizador. Y es entonces cuando sobreviene el desastre: los transfers se están arrugando, reaccionando con el barniz.
No os podéis imaginar el sentimiento de impotencia que me entró, casi me echo a llorar de la rabia que sentía. Algo tenía que hacer, y rápido. Pero en el estado en el que me encontraba, con menos de siete horas de sueño en las últimas setenta y dos, no podía pensar. Así que hice lo más razonable en esas circunstancias, darme una ducha para relajarme, despejarme, ir pensando... y quitarme el pestazo de encima, que no me había duchado desde el lunes, por ganar tiempo de sueño.

Cuando salgo de la ducha, dispuesto a enfrentarme al desastre.... ¡el milagro! Mientras secaba, el barniz había tensado y los transfers también, dejando un aspecto impecable. ¡Salvado in extremis!
Unas fotos rápidas, a la luz de un flexo de 60w y con un papel de regalo de fondo, con película de 400ASA (de ahí la baja calidad); desayunar, embalarla con cuidado y zumbando para el trabajo; donde me está esperando un mensajero en la puerta para llevársela zumbando al cliente.
Al día siguiente, me paso a cobrar la faena; que me reportó 90.000 pelas de las de entonces, descontada la 'astilla' para José Luis.
Espero que os haya entretenido la historia.